Mi relación con las manualidades siempre ha sido un quiero y no puedo. Carezco de habilidades innatas para ello. Siempre me ha encantado hacer y fabricar cosas, aunque lo resultados nunca han sido muy satisfactorios.
Puede que no tenga destreza, pero sí hubo alguien que cuando era pequeña dedico un tiempo a enseñarme tanto a coser como a hacer punto. Recuerdo algún verano en casa de mi abuela aprendiendo a coger la agujas y han ensenarme a hacer una bufanda. La mayoría de mi generación no sabe hacer determinadas actividades que antes se consideraban indispensables dentro de la educación, sobre todo de las mujeres. La destreza con las manos era algo que se educaba desde pequeños.
Ahora lo único que hacemos con las manos es presionar un teclado o escribir en un papel. Todo el aprendizaje se ha reducido a utilizar la mente y las manos han pasado a un segundo plano.
La mente y las manos tienen que volverse a encontrar y descubrir que el aprendizaje no está sólo reducido al uso de la mente. Los niños más pequeños aprenden a utilizar su cuerpo y cuando han cogido destreza la formación se reduce al utilizar sólo la cabeza.
En el proceso de hacer cosas con nuestras manos tambien se aprende, y mucho.